El triunfo del huevo

SHERWOOD ANDERSON

Traducción de Paula Zumalacárregui Martínez

[n] 2019  

ISBN 978-84-948280-3-4

360 páginas

22,00 €

«No solo a los humanos les nacen engendros: también a los huevos.»

El triunfo del huevo, un libro de impresiones sobre la vida estadounidense en cuentos y poemas.

 

Los cuentos son gente sentada en el umbral de la casa de mi mente.

Fuera hace frío, y esperan.

Miro por la ventana.

 

Los cuentos tienen las manos frías,

congeladas.

 

Un cuento robusto y bajito se levanta y empieza a agitar los brazos.

Tiene la nariz roja y dos dientes de oro.

 

Otro de los cuentos es una anciana sentada que se encorva bajo la capa.

 

Muchos cuentos vienen a sentarse en el umbral unos instantes y luego se marchan.

Tienen demasiado frío ahí fuera.

La calle que está delante de la puerta de la casa de mi mente está llena de cuentos.

Farfullan y gritan, se mueren de hambre y de frío.

 

Qué impotencia la mía: me tiemblan las manos.

Debería sentarme, cual sastre, a la mesa de trabajo.

Debería tejer prendas de abrigo con los hilos de mi pensamiento.

Los cuentos deberían ir vestidos.

Se mueren de frío en el umbral de la casa de mi mente.

 

Qué impotencia la mía: me tiemblan las manos.

Busco a tientas en la oscuridad, pero no encuentro el pomo.

Miro por la ventana.

Se mueren muchos cuentos en la calle que está delante de la casa de mi mente.

 

Sherwood Anderson

Autor

Sherwood Anderson (1876-1941) fue un autor que influyó fuertemente en la escritura estadounidense del periodo de entreguerras. Maestro del relato corto, no solo por el recurso de ilación de personajes y situaciones, sino también por la economía de medios, la sobriedad descriptiva, la sinceridad en la exposición y la utilización de diálogos exactos y espontáneos, aspectos que luego depurarían autores como William Faulkner y Ernest Hemingway, quienes, por otro lado, deben la primera publicación de sus libros a los esfuerzos del propio Anderson.

Anderson es considerado también uno de los primeros escritores en abordar los problemas generados por la industrialización. Sus obras son libros que muestran los miedos y supresiones de las personas que trabajaban y vivían en el entorno rural de su época. Sus textos no pueden entenderse sin tener presente su vida; uno de los siete hijos de un jornalero, Anderson asistía a la escuela de forma intermitente cuando era joven, mientras trabajaba como vendedor de periódicos, pintor de casas, campesino y ayudante de hipódromo. Después de un año en Wittenberg Academy, una escuela preparatoria en Springfield, Ohio, trabajó como escritor publicitario en Chicago hasta 1906, cuando regresó a Ohio y durante los siguientes seis años buscó, sin éxito, prosperar como empresario mientras escribía ficción en su tiempo libre.

Animado por Theodore Dreiser, Floyd Dell, Carl Sandburg y Ben Hecht, líderes del movimiento literario de Chicago, comenzó a contribuir con versos experimentales y relatos cortos en The Little Review, The Masses, Seven Arts y Poetry. Dell y Dreiser fraguaron la publicación de sus dos primeras novelas, El hijo de Windy McPherson (1916) y Marching Men (1917). A estas siguieron un libro de poesía, Mid-American Chants (1918), y Winesburg, Ohio (1919), su primer libro de relatos en el que da muestra ya de su madurez literaria y que le consagró como autor.

Anderson terminó con una época donde el cuento se había convertido en un género artificial. Sus libros posteriores de relatos, aunque menos exitosos que Winesburg, Ohio, ratificarían su calidad: El triunfo del huevo (1921), Caballos y hombres (1923) y Muerte en el bosque y otros cuentos (1933).

Fue un autor prolífico, escribió novela, relatos cortos, poesía, teatro y ensayo pero, sobre todo, fue un escritor osado que se atrevió a tratar temas tabúes para la época y con ello concedió voz a esa parte de la sociedad de la que la prosperidad nunca se acuerda.

Marginalia

Separar el mundo es fácil, lo complicado es volverlo a unir, sobre todo de una forma aceptable que consiga que dejemos de sentirnos incompletos. El propio Sherwood Anderson sabía por experiencia personal cuán ardua es esta labor cuando, extenuado por una vida que detestaba, sufrió una crisis nerviosa que le hizo tomar la decisión final de dedicarse a la literatura de forma definitiva.

Esta reflexión vital es la que subyace en El triunfo del huevo, un libro de impresiones que habla a lo largo de diferentes historias sobre el significado de la vida a través de las palabras de los excluidos por el progreso y la felicidad. Temas como la ambición, el sacrificio, el fracaso, el fin de la inocencia, la impotencia, la incomunicación, la conexión con el mundo, la soledad, la parálisis y el cambio encuentran lugar en las voces de todo el repertorio coral que pueblan unos escenarios distantes tanto en lo geográfico como en lo personal. Un desarrollo informal —y un interés en desarrollar la complejidad del proceso psicológico del sentimiento de vacío— los muestra a todos ellos como animales enjaulados que se revuelven y se revelan en diferentes escenarios ante sus miserables existencias.

Anderson muestra vidas sin ningún impulso, hojas sin un viento que les induzca a moverse, destacando cómo de lejos es capaz de ir un individuo en la búsqueda de la felicidad. A lo largo de quince relatos experimentamos la misma angustia que las mujeres y hombres que pueblan el Medio Oeste estadounidense. Participamos también de lo que parece ser la consecución de su objetivo final para volver a caer con ellos de nuevo, para llegar a preguntarnos exhaustos, al igual que uno de los personajes y ante un Anderson que parece no tener piedad: ¿No hay palabras que conduzcan a la vida?

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